Qué bárbaro.
El día de hoy tenía pensado desarrollar algunas ideas con respecto a la importancia de decir que no, con respecto a la importancia de decir que sí, con respecto a la importancia de no ser desidioso y los efectos macroenergéticos (existe ese término?) que eso genera a nuestro alrededor.
Creo que antes de hacer eso... debo de hacerme notar la importancia de seguir adelante.
Seguir adelante implica no detenerse con dudas, no detenerse con arrepentimientos, no detenerse con rencores, no detenerse con distracciones, inclusive no detenerse con introspecciones que se pueden realizar sobre la marcha.
Hoy quiero hacerme notar la importancia de no detenerse y seguir adelante.
Para no detenderse y seguir adelante es importante saber, lo que uno quiere.
Pero ese es otro tema, en el que no me voy a detener ahora ;-).
miércoles, 12 de noviembre de 2008
martes, 11 de noviembre de 2008
Nada de que preocuparse
Alguna vez has tenido nada de qué preocuparte?
No es algo fácil vivir con nada de qué preocuparse.
Un día, me eché una carga encima, un comportamiento aprendido que decía "ok, el día de hoy tienes algo de qué preocuparte, disfrútalo!".
Las respuestas a las preguntas "por qué yo?" o "realmente yo?", tal vez no las conozco porque nunca hice las preguntas y si acaso las hice, seguramente nunca valoré las respuestas que obtuve y sólo las tomé como ciertas; habrían sonado algo así como:
-"Por qué yo? - Porque estás aquí ahora y seguro me entiendes, espero." o
-"Realmente yo? - Por supuesto, es una tarea que no cualquiera puede hacer, eres especial".
Ah, eso de sentirse especial o sentirse único es invaluable.
Total, lo que sí sé es que cuando uno encuentra algo de qué preocuparse es capaz de cuidarlo, regarlo y conservarlo vivo, como si fuera la novia.
Comienzan a pasar los días y los meses y los hombros comienzan a encorvarse, la cara a fruncirse, el cuello a tensarse, los nervios a irritarse... porque preocuparse es una labor que requiere de todo mi esfuerzo, no es algo que se puede hacer así a la ligera!
Entonces vienen las evaluaciones periódicas. La reunión anual o semestral donde la mesa directiva con la que convives a diario nota un poco que se te está quitando lo fresco y ya hasta huele a pasado.
Por supuesto que la labor encomendada debe de ser cumplida a cabalidad, entonces la pregunta que llega es la obvia:
-"Sigues preocupado?"
-"Sí, aqui sigo... pesa un poco, pero si pesa es que lo estoy haciendo bien, verdad?"
-"Muy bien, arriba y adelante, muchacho!"
Qué satisfacción tan grande el recibir el aprecio por tu preocupación, aunque al mismo tiempo comienza a sembrarse una pequeña frustración porque no estoy ganando nada con toda esta chamba y pienso entonces:
-"Caray, ojalá me hubieran dado un instructivo con el puesto, algo de capacitación me habría servido bien. "Cómo preocuparse bien en breves lecciones".
Mientras escribo esto lo pienso bien y preferiría haber recibido el instructivo "cómo despreocuparse bien en breves lecciones"; ese habría sido mejor: con preguntas mucho más funcionales como "mi preocupación va a resolver algo?", o "cómo sé que ya no tengo que preocuparme?", o la mejor de todas, "puedo hacer algo al respecto?"... seguramente lo recibí pero estaba tan preocupado que no le puse la atención debida.
El día de hoy, para variar, no tengo nada de qué preocuparme. Se siente raro... por momentos extraño estar preocupado y luego pienso, "no te preocupes, disfruta! ya encontrarás de que preocuparte luego".
No es algo fácil vivir con nada de qué preocuparse.
Un día, me eché una carga encima, un comportamiento aprendido que decía "ok, el día de hoy tienes algo de qué preocuparte, disfrútalo!".
Las respuestas a las preguntas "por qué yo?" o "realmente yo?", tal vez no las conozco porque nunca hice las preguntas y si acaso las hice, seguramente nunca valoré las respuestas que obtuve y sólo las tomé como ciertas; habrían sonado algo así como:
-"Por qué yo? - Porque estás aquí ahora y seguro me entiendes, espero." o
-"Realmente yo? - Por supuesto, es una tarea que no cualquiera puede hacer, eres especial".
Ah, eso de sentirse especial o sentirse único es invaluable.
Total, lo que sí sé es que cuando uno encuentra algo de qué preocuparse es capaz de cuidarlo, regarlo y conservarlo vivo, como si fuera la novia.
Comienzan a pasar los días y los meses y los hombros comienzan a encorvarse, la cara a fruncirse, el cuello a tensarse, los nervios a irritarse... porque preocuparse es una labor que requiere de todo mi esfuerzo, no es algo que se puede hacer así a la ligera!
Entonces vienen las evaluaciones periódicas. La reunión anual o semestral donde la mesa directiva con la que convives a diario nota un poco que se te está quitando lo fresco y ya hasta huele a pasado.
Por supuesto que la labor encomendada debe de ser cumplida a cabalidad, entonces la pregunta que llega es la obvia:
-"Sigues preocupado?"
-"Sí, aqui sigo... pesa un poco, pero si pesa es que lo estoy haciendo bien, verdad?"
-"Muy bien, arriba y adelante, muchacho!"
Qué satisfacción tan grande el recibir el aprecio por tu preocupación, aunque al mismo tiempo comienza a sembrarse una pequeña frustración porque no estoy ganando nada con toda esta chamba y pienso entonces:
-"Caray, ojalá me hubieran dado un instructivo con el puesto, algo de capacitación me habría servido bien. "Cómo preocuparse bien en breves lecciones".
Mientras escribo esto lo pienso bien y preferiría haber recibido el instructivo "cómo despreocuparse bien en breves lecciones"; ese habría sido mejor: con preguntas mucho más funcionales como "mi preocupación va a resolver algo?", o "cómo sé que ya no tengo que preocuparme?", o la mejor de todas, "puedo hacer algo al respecto?"... seguramente lo recibí pero estaba tan preocupado que no le puse la atención debida.
El día de hoy, para variar, no tengo nada de qué preocuparme. Se siente raro... por momentos extraño estar preocupado y luego pienso, "no te preocupes, disfruta! ya encontrarás de que preocuparte luego".
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